Por qué se duerme la lengua
Entre el 72 y el 90 por ciento del aceite esencial del clavo es una sola sustancia. El eugenol: un anillo bencénico, un metoxilo, un hidroxilo y una cola alílica corta. Una molécula que cabe dibujada en una servilleta.
Responde tanto del olor como de ese adormecimiento frío que queda en la lengua. El eugenol bloquea la conducción del impulso nervioso: por eso, antes de la anestesia moderna, el aceite de clavo se ponía sin más sobre la muela que dolía, y los cementos dentales de óxido de zinc y eugenol siguen en uso hoy.
El primer puesto de toda la alimentación
Cuando unos investigadores ordenaron las cien fuentes dietéticas más ricas en polifenoles, el clavo se quedó a la cabeza de la lista. Ni los frutos rojos, ni el cacao, ni el té verde: un botón floral secado, procedente de cinco islas volcánicas.
Y acto seguido la corrección sin la que esa cifra no significa nada: cien gramos de clavo no se los come nadie. Un botón pesa unos setenta miligramos. Cuatro botones en una olla de compota son más o menos un tercio de gramo de especia, y menos de cincuenta miligramos de polifenoles para toda la mesa.
El clavo no es ni será nunca una fuente de antioxidantes de la dieta. Es demasiado fuerte para comerlo en las cantidades en las que eso tendría algún significado. La cifra impresiona, pero no habla de beneficios sino de concentración: es la sustancia más densa de tu estantería.
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Botones enteros, no molidos: son los que guardan el aceite del que habla todo este texto.
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